Rod Griffin: mucho más que un 1ª ronda del Draft

“En el primer entrenamiento ya nos dimos cuenta de su calidad; a pesar de sus problemas físicos evidentes, era un superclase”. Este es uno de los recuerdos que tiene Charlie Uzal al ser preguntado por Rod Griffin, el último norteamericano que tuvo el Obradoiro antes de que en 1992 comenzase el período oscuro fuera del basket profesional. Rod había cumplido 35 primaveras cuando llegó a Santiago con la temporada 1991-92 ya iniciada. Jugó medio cojo y lastrado por las lesiones, pero Griffin es uno de los extranjeros de más calidad (baloncestística y personal) que han pasado por el club. Hay unanimidad sobre ello.

Solo un pequeño detalle confirma la primera parte: es el único jugador elegido en 1ª ronda del Draft que ha militado en el Obradoiro. Y su calidad humana la refrendan los que fueron sus compañeros en aquel Onza de Oro, el último equipo profesional del Obra antes de iniciar la travesía por el desierto de los tribunales. Las imágenes rescatadas de aquella época confirman además que Rod era un auténtico fenómeno sobre la pista.

“Nos habían dicho que había sido “All America” en su etapa de NCAA y que había jugado a un gran nivel 12 años en Italia”, rememora Uzal, uno de sus compañeros aquella temporada y actual segundo entrenador del Basquet Coruña. Es cierto. Griffin participó en más de 300 partidos en el potente basket italiano de los años 80 antes de recalar en el Obradoiro aquel mes de octubre de 1991. Pero antes había sido una estrella universitaria.

Griffin_USA TODAY
Griffin, durante su etapa universitaria en Wake Forest

Griffin había nacido en 1956 en un pequeño pueblo de Carolina del Norte llamado Fairmont. Sin salir de su Estado cursó estudios en la Universidad de Wake Forest, la misma de la que salieron años después Tim Duncan o Chris Paul. Allí lo bordó: cuatro temporadas liderando a los Demon Deacons, con numerazos que llegaron al sobresaliente en su último año: 21,5 puntos y 10 rebotes por partido. Y todo ello sin tener un físico demoledor para luchar en la zona. Las estadísticas hablan de un 6-7. Un tío de 2 metros pelados que lograba el galardón de Jugador del Año en la Atlantic Coast Conference (ACC), en la que participaban centros de primer nivel como Duke o Maryland.

En el draft del 78 Rod Griffin fue elegido en el puesto 17 por los Denver Nuggets. Nuestro protagonista llegó a firmar ese verano un contrato con la franquicia pero no llegó a debutar. Fue cortado unas semanas antes de comenzar la competición al no convencer a los técnicos del equipo. Y ante la falta de perspectivas decidió marcharse a Italia, siguiendo el mismo camino de otros tantos jugadores jóvenes que tras terminar la NCAA no encontraban hueco en la NBA.

Lo que probablemente no imaginaba Griffin es que ese viaje a Europa iba a ser un camino casi sin retorno. Italia ha sido desde entonces su casa, salvo dos breves aventuras: una en Suiza (Ginebra) y la otra en España. En el Obradoiro.

Una pantera en Italia

Rod Griffin llegó a Italia en 1978 y no se marchó hasta 1991. En el basket italiano pasó por varios equipos pero donde dejó una huella más profunda fue en Forlì, una ciudad algo más grande que Santiago situada al norte de Italia, relativamente cerca de San Marino. En Forlì, Rod Griffin pasó a ser una leyenda: jugó siete temporadas consecutivas, ascendió al equipo a la Lega y se ganó el apodo de Pantera Negra. Después de Forlì estuvo en otros equipos (Livorno, Montecatini, Cremona) e incluso tuvo tiempo de regresar a Forlì.

GRIFFIN vs ALDI_livorno
Griffin, con la camiseta amarilla del Livorno (Foto: www.ilbasketlivornese.it)

En Italia brilló. Siempre fue el líder anotador del equipo, con temporadas muy brillantes como la 81-82 (promedió 24 puntos + 11 rebotes) o la 88-89, en la que llegó a 24+9. Hay que recordar que la LegaDue en los años ochenta permitía dos extranjeros por equipo, lo que la situaba a un nivel muy superior a la Primera B. Por ejemplo, Griffin coincidió en Cremona en esa temporada 88-89 con Dave Lawrence, otro americano drafteado (en 2ª ronda por Portland) que poco antes había estado en la ACB en el Baskonia.

La experiencia italiana de Rod Griffin hizo una pausa en octubre de 1991, cuando al fin se cruzó su camino con el de Obradoiro. Griffin estaba sin equipo tras haber sustituido durante varios meses en Forlì a un tal Bob McAdoo. Y el Obra necesitaba imperiosamente un americano después de que los dos anteriores (Jimmy Wright y Nance) no rindiesen y tras el fallido fichaje de Veljko Petranovic. Hubo acuerdo y Rod Griffin firmó un contrato con nuestro club.

Griffin fue presentado como jugador de Obradoiro el 17 de octubre de 1991. Pero tardó varias semanas en demostrar que pese a sus 35 años era un jugador de primer nivel. Llevaba un tiempo inactivo y le costó ponerse en forma y dejar atrás los kilos de más con los que llegó a Santiago. Cuando comenzó a carburar, el equipo dio un salto de nivel que le permitió volver a competir en una temporada en la que empezó perdiendo nueve de sus diez primeros partidos.

Pero lo que más sorprendió de Rod en su llegada a Santiago fue su carta de presentación. “Puedo jugar desde escolta hasta pívot, pasando por alero o ala-pívot”, declaró a la prensa. ¿Un tío de 2 metros y 35 años jugando de escolta? Pronto se comprobó que lo que Griffin decía no era un farol.

Griffin Obradoiro
El día de su debut en Santiago

Charlie Uzal todavía lo recuerda pese a que han pasado más de 25 años. “A mí lo que más me sorprendieron de él fueron dos cosas. Una, que cojeaba al andar y no hacía los gestos normales al correr. Y la otra, que venía como ala-pívot y Tim Shea le dejaba subir el balón… y no se lo robaban”. Uzal era uno de los junior del Obra aquella temporada y no entendía que, con sus problemas físicos, Griffin“era capaz de anotar con esa facilidad y sobre todo subir el balón (haciendo de base) de espaldas, andando como hacía Magic y nadie se lo quitaba”.

Otro compañero suyo, José Luis Ferreira, también recuerda la cara y la cruz de Griffin, su calidad y sus problemas físicos: “Era un pedazo de americano, veterano, muy buena persona. Hizo muy buena temporada y nos dio un plus en la segunda vuelta de la liga. Lo malo es que estaba casi cojo, lo que mermaba su velocidad”. Nuestro protagonista permanece igualmente en la memoria de Koke Rama, otro de sus compañeros aquella temporada: “Era un jugador de 2 metros escasos, pero con mucha clase y un salto muy elegante a la hora de finalizar las jugadas en mate, tambien tiraba de fuera con buenos porcentajes. Tenía unas manos enormes y cogía la pelota como si fuera una de tenis. El físico engañaba porque era más bien gordito… pero era muy listo jugando.”

En este vídeo se puede ver lo que aportaba Rod en la pista: anotación, rebote, una visión de juego descomunal y esa insólita capacidad para subir el balón como si fuese un base. Las jugadas pertenecen al partido Obradoiro-Guadalajara jugado en Santa Isabel, y está sacado (como no) de la imprescindible página web de Mirón, donde se puede ver el partido completo.

Griffin debutó con el Obradoiro en un partido en Santa Isabel frente al Cáceres. La crónica de El Correo Gallego narró el gran debut, pese a que fue insuficiente para que la victoria quedase en casa. A pesar de estar todavía en baja forma anotó 22 puntos y capturó 9 rebotes, “alguno de los cuales hizo levantar al público de sus asientos”. Esa fue la tónica en el resto de la temporada. A falta de contabilizar algunos partidos, Griffin promedió en el Obradoiro 23 puntos y 11 rebotes, registros espectaculares teniendo en cuenta su edad y estado físico.

Pero sus compañeros también coinciden en resaltar la calidad humana de Rod Griffin, equiparable a su talento sobre la cancha. “Era un auténtico profesional, no un mercenario”, recuerda José Luis Ferreira. “Se cuidaba muchísimo e irradiaba seguridad. Un auténtico veterano curtido en mil batallas, que animaba como el último de los juniors, del que aprendías mucho y al que cualquier entrenador quiere tener en su equipo”, subraya.

Delicious marisco

Con la ayuda de las redes sociales y a través de Francesco Mazza, del Scirea-Ca’Ossi Basket, consigo localizar a Rod Griffin. Sigue en Italia, a donde regresó tras jugar en Suiza en la temporada 1992-93. Continuó ligado al baloncesto. Y desde allí me envía dos mails contando sus recuerdos sobre su paso por Compostela, su experiencia en el Obradoiro durante aquella temporada 91-92 y su vida actual.

Lo primero que relata es que tanto él como su mujer, Valeria, se sintieron muy cómodos en Compostela. Recuerda los paseos por la “old city”, las visitas a la Catedral y cómo exploraba las callejuelas de la zona vella.

griffin_en el video
En su etapa en el Obradoiro

Pero también hace una mención especial a la gastronomía. “En Santiago la comida era excelente. Nosotros amamos el marisco, y el marisco allí era soberbio”. Rod comía todos los días en el restaurante Vega (en República del Salvador) con otros compañeros del Obra. No recuerda el nombre del establecimiento, pero sí que sus propietarios eran Manolo y Luis. Lo que no ha olvidado es el “delicious” pulpo a la brasa que pudo probar. O fuera de la gastronomía, las partidas de billar y ping-pong con Chete Pazo, otro integrante de aquella plantilla al que Rod casi doblaba en edad.

¿Y en lo deportivo? Pues aunque la temporada 91-92 fue un desastre en lo extradeportivo y acabó fatal en lo deportivo (con el descenso de categoría), Griffin solo tiene buenas palabras de aquella experiencia pese a los viajes de hasta 18 horas en autobús recorriendo España o los cambios de entrenador. “Mis compañeros fueron muy buenos conmigo, ellos me hicieron sentir en casa, tuvieron paciencia conmigo porque yo me perdía algunas veces en los entrenamientos, pero ellos lo entendieron porque yo soy un fiero competidor y odio perder”, me explica.

Pero Rod también se llevó de recuerdo a Italia el cariño de la afición obradoirista, que pudo disfrutar en el pabellón de Santa Isabel. “Fue una sensación bonita escuchar a nuestros fans cuando me coreaban “tor-e-ro, tor-e-ro, tor-e-ro” durante algunos de nuestros partidos. Creo que terminamos últimos o penúltimos, pero luchamos todo el tiempo hasta el final”. E incluso se toma con humor los graves problemas de pago que hubo aquella temporada: “La única cosa negativa fue que me pagasen todo mi dinero. Todavía estoy esperando… nunca es demasiado tarde!!”.

En los banquillos

Rod Griffin, tras jugar cientos de partidos sobre la cancha, ve ahora los partidos desde el banquillo. Es entrenador y tiene experiencia como entrenador en LEGA Due y como asistente en la LEGA.“Actualmente entreno a dos equipos, uno de sub-19 y otro de sub-17. Estoy preparado para entrenar a equipos senior, pero aquí todo es complicado con la crisis”, me contó en 2014 cuando hablé con él. Y aunque Obradoiro tiene un cuerpo técnico excelente, está bien saber que hay un buen tipo dispuesto a regresar a España. “Quizás Obradoiro necesite un entrenador. Me encantaría volver!!”, nos cuenta

griffin ahora
Rod Griffin, en la actualidad

La pantera de Forli adquirió la nacionalidad italiana en abril de 1997 y, pese a que no se cierra puertas, ha pasado la mayor parte de su vida en la Bella Italia. Pero deja buen sabor de boca conocer que el último americano del Obra antes de la travesía judicial guarda un buen recuerdo del club y de la ciudad. “Mi estancia en Santiago y con Obradoiro fue una experiencia fantástica y no la cambiaría por nada”, cuenta Rod, que este verano participará en el campus International Basketball School en Forlì.

A sus 58 años, Roderick ‘Rod’ Griffin tiene y tendrá un importante hueco en la historia del Obradoiro por ser el único jugador elegido en 1ª ronda del Draft. Aunque los testimonios de sus compañeros y su actitud demuestran que, como persona, también ha sido y es un tío de 1ª ronda. Y de los puestos altos, además.

(Artículo original escrito en 2014 y actualizado en 2018; lo escribí gracias a la colaboración de José Luis Ferreira, Charlie Uzal, Koke Rama, Tonecho Lorenzo y, por supuesto, a Rod Griffin)

 

 

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